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OPINIÓN: EL POPULISMO DE LA INDEPENDENCIA

Por Alejandro Cid

Hay un dicho muy popular que dice «no todo lo que brilla es oro», y hay cuánta verdad si miramos la vida desde esa perspectiva. Lo dice el propio Manú Chao en su canción, a su manera claramente. Y, claro, es fácil caer en lo aparente cuando no tenemos el cuidado y la vigilia para darnos cuenta lo que hay detrás de una figura, un discurso populista o un objetivo que alguien persigue, a toda costa.

Es como creerles a aquellos que por años se han exhibido y paseado de un partido político a otro, de extremo a extremo, con total soltura y apoyo, y que hoy dicen profesar una «independencia» partidista.

Eso es populismo en su máxima expresión.

Y es el peor de los populismos. Porque el populismo siempre va de la mano con el engaño y la mentira. Todos sabemos que en la política se juega con estrategia a la hora de postular a un cargo mediante un plebiscito. Y elegir una buena estrategia puede ser vital a la hora del conteo de los votos. Y la proclama «independentista» de aquellos que conocemos lo que sabemos, es una estrategia engañadora, mortífera y, sobre todo, oportunista en el contexto actual. Así lo demuestra la última encuesta Cadem, sobre la conformación de la Convención Constituyente, señalando que el 84% prefiere que sean independientes contra un 2% que prefiere que sean militantes de partidos políticos.

Y esa preferencia ciudadana, la podemos proyectar en cualquier tipo de elección popular. Por eso, no se admire si se topa aquí mismo, en las redes sociales, con personajes que se autoproclaman «independientes», arrastrando una cantidad indeterminada de militancia, simpatía o cercanía de intereses con partidos de diestra y siniestra, y que pretenden llegar a un puesto en las próximas elecciones. Pero, ojo, no basta sólo con no admirarse, también es necesario no votar por esos mismos. Porque de ser así, todo está perdido.

Y que en los próximos cuatro años, Dios nos ampare. Ahora, usted se preguntará ¿Pero, se puede ser Independiente en Chile? Sí, absolutamente. Tenemos buenos y claros ejemplos. Sin embargo, no olvide que «no todo lo que brilla es oro». Y no todos los que se dicen ser «independientes», en la práctica lo son, ni lo serán.

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