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Opinión: No lo duden y salten

Por Camila Muñoz González, periodista deportiva.

Cuenta una viejo relato que, un día soleado, una rana se encontraba nadando cómoda y feliz dentro de una olla repleta de agua.

Ella no lo sabía, pero el agua de la olla se estaba calentando a fuego lento y, luego de algunos minutos, el agua ya estaba tibia.Esta situación fue progresiva y, por ende, pasó casi inadvertida para la rana que en vez de saltar para salir de la olla, continuo nadando de un lado a otro.

La temperatura del agua, por su parte, continuaba subiendo y al cabo de otros minutos ya estaba caliente.

A simple vista, la rana no se inquietaba porque el calor le producía una sensación que de seguro creía poder manejar.

No obstante, lo que ella desconocía era que estaba comenzando a caer en un proceso de fatiga y algo de somnolencia. Se estaba debilitando en vida.Con el pasar de los minutos el agua se puso caliente de verdad.

Esto hizo que la rana se sintiera incómoda y que quisiera saltar para escapar de la olla que, a esas alturas, tenía agua hirviendo.Lo intentó por todo lados. De todas las formas. Y con todas las fuerzas que pudo sacar. Sin embargo, sus intentos no dieron frutos, ya que cada salto aumentaba su fatiga y le quitaba fuerzas y energías.

Con el pasar de los minutos la rana se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, pero ya era demasiado tarde. El agua estaba hirviendo a máxima temperatura, lo que sumado a su cansancio y fatiga, culminaron en un desenlace fatal.

¿Por qué no saltó antes? ¿Cómo es que nadie le ayudó? ¿Por qué dejó pasar tanto tiempo? ¿Por qué no pidió ayuda antes?, fueron algunos de los cuestionamientos más recurrentes.

Cuestionamientos, que por cierto, se nos hacen un tanto conocidas ¿o no?. Y es que esta parábola sirve para explicar, entre otras situaciones, lo que lamentablemente ocurre con la violencia de género en nuestro país y en el mundo entero; donde se pierde el foco de lo que realmente está pasando y la víctima -a ojos de los demás- casi siempre termina siendo la «responsable» de lo que le ocurrió.

Es por eso que hoy quise escribir estas líneas, porque me sigue preocupando la mirada y la actitud que toman algunas personas ante situaciones de violencia de género. Cuando la víctima se encuentra en su zona de confianza, no percibe los cambios menores que se están produciendo a su alrededor.

Al igual que en la parábola de la rana, y perdonen la comparación, la víctima se aferra a la esperanza de que se produzca un cambio en el agresor; al mismo tiempo que comienza a buscar explicaciones a la conducta de este último para justificarlas.

En más de algún caso se produce una reinterpretación de la realidad para adecuarla a las expectativas que se tiene de la relación afectiva.

En un principio, cuando se produce el primer roce o insulto, la víctima, muchas veces, niega la importancia del problema y, casi siempre, decide centrarse en los aspectos positivos del agresor.

Luego, la víctima sobrevalora la esperanza del cambio en el agresor y empieza a sentirse culpable de la violencia sufrida.Finalmente, y quizás la etapa más terrible de todas, la víctima intenta por todos los medios justificar su permanencia en la relación y se resigna a una situación a la que no le ve salida.

Por eso hoy alzo mi voz para gritar que nadie, absolutamente nadie, aguanta un insulto, una agresión o un mal trato de alguien que acaba de conocer.

Nadie renuncia a todos sus derechos de un día para otro y, por sobre todo, nadie pierde su propia identidad de un segundo a otro.La violencia de género actúa de manera silenciosa y sigilosa. Te hace creer que fue solo una vez, que no volverá a ocurrir, que es un hecho puntual.

Te hace sentir que quizás fue culpa tuya, que no debiste haber dicho eso, que no te debiste haber reído con ese ‘chiste’, que tu ropa no fue la adecuada o que deberías callar. Por eso hoy alzo mi voz para pedirlesque no lo duden ni un solo segundo y por favor salten. Hoy alzo mi voz para comentarles que el amor no duele, no daña, no mata, y que si eso ocurre, simplemente, no es amor.

Hoy alzo la voz para decirles que no juzguen a aquella que no salta, como si fuera su responsabilidad o culpa por no haberlo hecho, o hacerlo tarde.

Hoy, y sobre todo hoy, alzo mi voz para decirles que no son cosas de parejas, que no es normal, que no están solas y que nunca, nunca, nunca la culpa es nuestra.

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